4 de julio de 2013

Hector, ¿Un simple hombre o un semidios?

Grande fue la batalla por la ciudad de Troya, y grandes fueron en verdad las hazañas de los hombres y héroes que en ella participaron, sin embargo más grande fue el dolor de los seres queridos que dejaron cada uno de los ejércitos; tanto en las tierras de los griegos como en la ciudad de Ilio.


Probablemente Aquiles sabia la grandeza que le esperaba cuando decidió aceptar el destino de una muerte a temprana edad a cambio de que su historia no fuera olvidada a través del tiempo, tal vez por eso tanto los hombres griegos como los troyanos buscaban cada uno la victoria sin importar el costo. 

Es a través de los diferentes puntos de vista de algunos de los involucrados en esta cruel batalla que Alessandro Baricco nos guía en este encuentro épico desatado por el infortunio de los dioses; desde la bella Criseida que fue arrebatada de los brazos de su padre para ser llevada como trofeo por Agamenón, hasta el rio cercano a las murallas de Troya en cuyas aguas Aquiles derramo la sangre de los troyanos que lamentablemente se cruzaron en su búsqueda por Héctor. 

Y es precisamente Héctor, quien no poseía la sangre de un dios como Aquiles, que apoyo al hermano ladrón y cobarde, que recibió a Helena la causante de tanta desgracia para su pueblo como una más de su familia, quien inspiro a todos en su ejército a la batalla, quien confiado en el destino que le habían puesto los dioses los guía a pelear con orgullo y dignidad ante los invasores aqueos, llevando siempre en su mente el deseo de volver a ver a la esposa amada y al hijo pequeño o en su defecto que sean libres de las crueles intenciones del enemigo, aquel que mostro honor en el campo de batalla; ese fue Héctor. 

Podríamos decir que fue el orgullo el causante de tantas bajas del ejercito troyano en la batalla, y que fue ese mismo orgullo el que impidió escuchar los lamentos de su madre, de su cuñada, de su esposa e hijo para que no regresara a la batalla, ese orgullo fue el que hizo que Aquiles casi hiciera perder la batalla a los aqueos, aquel que hizo a Agamenón arrebatarle la mujer amada a Aquiles, o aquel que hizo a Patroclo ir mas allá de sus posibilidades en la batalla y encontrar un final mortal. 

Pero no es por los errores que cometieron en su vida que se recuerda a los héroes como Héctor y muchos otros dentro de la historia del hombre, sino por sus convicciones y la fortaleza que mostraron al tomar sus decisiones, por la forma en que decidieron recibir con agrado su destino y afrontarlo; así es como debemos acordarnos de ellos, porque así es como nos gustaría que nos recordaran…